La ciencia y la anécdota de Bohr


Tenía ganas de escribir algo sobre física, mi pasión de la juventud, a la que tengo bastante aparcada desde que descubrí mi pasión por la informática. Pero el poso está ahí dentro. El caso es que hace un par de días me llegó un correo con la anécdota del Bohr estudiante y Rutherford profesor. No es la primera vez que la leía, pero quise investigar un poco más, porque, sinceramente, me parecía todo demasiado perfecto. Googleando me encontré con el siguiente artículo: Anécdota de Bohr.

Parece ser que es una anécdota contada para ‘enseñar’. Enseñar como se debe comportar un científico. Recuerdo mis años de estudiante en que los (buenos) profesores te decían que había que dudar de todo, plantearse alternativas y probar cuál era la más adecuada para cada problema. Luego, es una pena pero es así, no se llevaba a la práctica. Estudiabas, aprendías técnicas de resolución de problemas y lo justo para sacar adelante los estudios, aunque fuera con nota. Recuerdo también que tenía un compañero, el nombre ya lo olvidé, al que tenía verdadera envidia. Era como me gustaría ser, como siempre he pensado que tenía que ser un científico, un ‘investigador’. No era el alumno con el mejor expediente académico. Mis notas eran muy superiores. Pero era mucho más brillante que yo. Ante cualquier problema, yo y los que eran como yo, aplicábamos las técnicas aprendidas y pensábamos la mejor manera de resolver los problemas, muchas veces con éxito. Él no. Se cuestionaba la pregunta misma. Intentaba relacionar los conocimientos de distintas disciplinas (óptica, mecánica cuántica, electromagnetismo, …) y solo cuando entendía lo que realmente le pedían, se ponía a resolver el problema.
Yo hace ya mucho tiempo, allá por 5º de carrera, perdí la ilusión por la investigación. La investigación, al menos lo que yo veía entonces, en los departamentos de este país consistía en una carrera por resolver problemas, publicar y publicar. Quizás hubiese sido un buen investigador al uso. Mi expediente así lo decía. Pero no podía. Veía como se cerraban las puertas a físicos de verdad, a científicos que se cuestionan la ciencia. Yo no quería entrar en ese mundo.
Años más tarde, ironías de la vida, trabajo para los investigadores de una universidad. He ideado, desarrollado y probado una herramienta para gestionar la investigación desde el punto de vista más burocrático: solicitudes, certificados, justificaciones. No me equivoqué: lamentablemente la investigación no se parece en nada al dilema que plantea la anécdota de Rutherford y Bohr. Ójala salieran científicos rebeldes (perogrullada, un científico debe ser rebelde) como mi compañero de carrera. No recuerdo su nombre, pero a él va dedicado este post.

Aprovecho para recomendar el blog en que se encontraba el artículo que he mencionado:
Las noticias científicas de la mula Francis.
A mí personalmente me ha gustado tanto que me he suscrito al feed y os he puesto el enlace en la sección de delicious de este blog (al final de la columna de la derecha :-)).

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Una respuesta a La ciencia y la anécdota de Bohr

  1. lunamar dijo:

    Ahora ya sé que no es de Borh sino de Calandra. Espero haber aprendido algo y que no se me olvide demasiado pronto.

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