Sortu, ETA y democracia


Vamos a hablar de ETA. Sí, lo que en este país ha sido durante muchos años un tema casi tabú, salvo que se hablase en un sentido.
Sí, yo también estaba de acuerdo en el punto de no negociar políticamente con un grupo respaldado por un puñado de asesinos. Pero también es cierto que pienso que hay que hablar de todo con todo el mundo. No siempre hablar significa negociar. A veces significa conocer al otro: el amigo, el amante, el enemigo, el asesino. Y sin el conocimiento no se pueden llevar a cabo las mejores medidas.
Pero eso es el pasado y me gustaría comentar el futuro y sobre todo el presente continuo de los próximos meses.
Desde la desaparición de HB y su reconversión en Batasuna, lo que propiciaría luego la famosa ‘Ley de Partidos’, el entorno independentista radical vasco ha estado jugando al gato y al ratón en el borde de la legalidad. ¿Qué nos esperabamos? Si alguien esperaba otra cosa es que no hubo suficiente diálogo-conocimiento.
Pero ahora se ha presentado Sortu y bajo estas siglas se esconden algunas de las peticiones ‘históricas’ de ETA y su entorno. Algunas, esa es la palabra. Porque pedir la independencia o la autodeterminación de Euskadi ha sido siempre una petición de ETA. ¿No? Ah, pero que también ha sido una petición de EA, o del PNV con quién se habla y negocia continuamente tanto desde este gobierno como de los anteriores sin ningún tipo de pudor. ¿Por qué? Básicamente porque es no sólo legal sino necesario el que tengan cabida todas las opiniones. En este país se debe poder pedir la autodeterminación de Euskadi, la segregación de la Moraleja (como pedía hace unos años el actual alcalde de Alcobendas) o la proclamación de la república independiente de mi casa. Y todo esto se debe poder pedir respetando las opiniones de los demás y las reglas del juego.
Así que no entremos en lo malos que son los integrantes de esta formación política. ¿Están inhabilitados para participar en una formación política sus miembros? Si la respuesta es no, DEBERIAN poder participar en el juego este que hemos querido llamar democracia (pueblo-poder, que no se nos olvide). Las reglas del juego son varias: constitución, normativa internacional aplicable, ley electoral y la famosa ley de partidos entre otras. Según esta última (que me parece una pasada y anticonstitucional en muchos aspectos pero bueno es nuestro ordenamiento jurídico y por tanto entra en el juego) no se puede admitir un partido que suponga una continuidad sobre otro ya ilegalizado. Y yo me pregunto, ¿a qué llaman continuidad? ¿A que las personas son las mismas? ¿A que tienen el mismo ideario político? Vayamos por partes:
– Si es un problema de personas, no veo que la justicia haya condenado con inhabilitación a ninguna de ellas. Y si no fuera así, se quita a estas personas de la lista.
– Si es un problema de ideologías, personalmente no estoy de acuerdo. Lo he dicho antes, cada uno puede pensar lo que quiera.
– Si es continuidad de otras organizaciones ilegalizadas ¿no deberíamos preguntarnos por qué se ilegalizaron aquellas? Si el motivo era la no condena del terrorismo, continuidad o no, no debería ilegalizarse Sortu.
En fin, me parece muy triste que se maten a personas y que se tenga que vivir en una situación de miedo en algunas poblaciones del Pais Vasco por pensar diferente. Pero no usemos este último concepto, el pensar diferente, para prohibir, para hacer que no se pueda escuchar a los disidentes. Centremos nuestros esfuerzos en hacer ver a la población vasca qué tenemos que ofrecerlos desde el resto de partidos y en qué somos mejores que ellos. Y que el ‘demos-δημο’ decida a quién le da el ‘cratia-κρατία’.
Finalmente un último comentario. Escuché en la radio hace unos días a una persona (no recuerdo su cargo ni su origen, sé que era extranjero) quejarse de que tenemos que evitar a toda costa la legalización de Sortu y de que España no podía ser una de los pocos estados occidentales que no condenaba la ‘negación del holocausto’ como delito. Sólo decir que me siento orgulloso de vivir con unas reglas de derecho que, con todas sus fallas y limitaciones, no condena por pensar de manera distinta, sino sólo por las acciones que uno haga. No negaré el holocausto ni la conquista de América o la invasión de Irak. Si lo hiciera, ¿merecería estar en la cárcel? Júzguenme por mi actos, por favor.

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