Dos más dos, ¿son cuatro?


En la escuela te enseñan a sumar y te dicen: dos más dos son cuatro. Y tú vas y lo entiendes: porque si tú tienes dos caramelos y María te da otros dos tú te puedes comer cuatro caramelos. Aunque pronto aprendes que realmente no es así: papá o mamá no te dejan comerlos hasta después de la merienda, alguno lo tienes que compartir con el hermanito, siempre el hermanito. Y por supuesto, solo uno, deja el resto para mañana. Así que a pesar de que finalmente dos más dos es uno y diferido, tú sigues creyendo en el axioma de la suma. Porque la profe sabe mucho (de manipulación inconsciente, pero claro esto no se sabe).

Pasan los años y ya sabes las cuatro reglas, puede que hayas aprendido a hacer ecuaciones y raíces cuadradas o puede que no. Llega un momento en que te explican algo sobre probabilidades y estadísticas. De nuevo tú vas y los entiendes: eres un chico listo. Aunque aquí se te escapa algo más la utilidad de todo esto: si no puedo estar seguro de algo para que me servirá. Pero claro, eres joven y piensas: mis amigos tienen novia, la mayoría se ha morreado y hasta hay un par que dicen que se ha acostado. Con todos esos datos ¿cuál es la probabilidad de enrollarme con la Pelirroja? La respuesta es sencilla (tú todavía no la sabes): si has hecho cuentas, con independencia de lo que te haya salido, el resultado real es 0. Porque, amigo mio, la probabilidad nunca es la realidad. La probabilidad o la estadística orientan sobre un posible resultado, pero al final para cada individuo sólo aplican dos posibilidades: ocurre o no ocurre (todo esto también se estudia más adelante pero no voy a entrar ahora en ello). Así que si hay que elegir si la Pelirroja se va a enrollar contigo o no, entonces verás que estás al borde del abismo, aunque todos tus amigos estén en el parque manoseándose.

Terminaste la secundaria y entras en la universidad o buscas un curro o te dedicas al noble arte de tocarte los huevos (esto último no lo recomiendo, pero si puedes allá tú). Yo me decidí por el primer camino y comencé a estudiar Físicas. Todo muy bonito pero no viene al caso. Hasta la primera clase de Física Estadística, en tercero. El profesor Navascues, con bastante mala prensa en el corrillo estudiantil por su ratio de aprobados (de nuevo la malvada estadística, al final lo que importa es el suceso, a mi me fue bien y creo que fue un gran profesor, muy duro, pero eso se debía a que hacía pensar y hoy en día eso no está bien visto). A lo que estabamos, el primer día y nada más empezar (nada de escribir su nombre, presentarse o decir qué se iba a ver en el curso) nos plantea un problema: “Calculad la probabilidad de que este lapicero que pongo encima de la mesa se encuentre en algún momento futuro (sin aplicación de fuerzas ni nada por el estilo) un centímetro por encima de su superficie”. Cualquier persona piensa (bien!!!) que esto es imposible, pero luego ves que no que hay una probabilidad (con muuuuuchos ceros delante) de que eso ocurra. El tiempo que hay que esperar para verlo es superior a la vida actual del universo. Pero, ¿quién te dice que no puedes ser tan afortunado de ver la ocurrencia del suceso en ese mismo momento? Hubiera estado de puta madre. Pero por supuesto no ocurrió. Por debajo había cálculos sobre las ondas de probabilidad de los átomos de carbono (se simplificó el lápiz a su mina de grafito y se eliminaron las impurezas de este, jejeje, cosas de físicos) y era una cuestión tan ‘simple’ como ver cuando los millones de átomos se encontrarían simultáneamente a la parte de probabilidad a un centímetro de distancia del centro.

Si has tenido la suerte de entender que dos más dos no tienen porqué ser cuatro y has aprendido un poco a pensar por tí mismo y a no dar por hecho todo lo que ves o lees sin contrastar los datos (a ser posible de varias fuentes), entonces dejarán de sorprenderte muchas de las cosas que se dicen cuando te haces algo más mayor. El que les suscribe cumplirá los 40 antes de las próximas elecciones generales y se ha sorprendido mucho a lo largo de su vida. Pero cuando escuchas por todos lados que, con más del 50% de votos, crecer 5 escaños es un resultado mucho mejor y un avance significativo en su representatividad (se olvidan siempre de decir que hay 9 escaños más y esos escaños son con menos porcentaje y menos votos) piensas: estos no entendieron que papá y mamá nunca te dejaron comer los cuatro caramelos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Opinion. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Dos más dos, ¿son cuatro?

  1. bgo dijo:

    JL, ¡que doloroso es el día después de unas elecciones!, cuanto daño y cuanto trauma provoca la Ley de Hont. No hay democracia con Hont. Muchos somos ciudadanos de segunda o como tu dices: primero consigues duplicar tus caramelos, pero luego se los tienes que dar al vecino y lo que te queda guardarlo para mañana. Al final, un caramelo, la mitad de lo que tenías al principio.
    ¿Sabes una cosa? … yo solía desobeceder … es la única forma de comerse los caramelos antes que los demás … no hay otra … hay que conseguir mandar a Hont a la mierda.

    • titojlmm dijo:

      Bgo, muchas gracias por el comentario (aumentas mi estadística mensual en un infinito por cierto, jajaja). Y Pedro, tu la de likes en el mismo porcentaje 😉
      Ahora en serio. Tu serías la niña mala, yo era un chico bueno. Da igual. Al final aquí estamos todos cabreados por cómo funciona esta sociedad. El problema de la Ley Electoral es el de todas las leyes. En realidad son dos problemas:
      1. Tardan mucho en hacerse. Lo que tenía sentido en el siglo XV, ya no lo tiene en el XXI. No se puede tardar una año o dos en debatir una ley importante. No al ritmo de esta sociedad. De este problema se deriva un corolario (lo llamaré el Corolario del inseguro crónico, que me habéis pillado en plan paterno-fundador): “si ha costado mucho hacerlo, no lo cambies”.
      2. Son redactadas por personas ‘especialistas’ (sí, las leyes las hacen los asesores y demás fauna que rodean a los políticos) bajo los dictados de los diputados. Y de aquí sale el Corolario del sinsentido perfecto: “Si lo entienden todos, hay que refinarlo. La perfección en la norma se alcanzará cuando no la pueda entender nadie”.

      Con estos dos problemas y sus corolarios vivimos el día a día. Chapuza tras chapuza. Hay que cambiar la ley electoral, pero más aún, hay que cambiar la forma de redactar las leyes. Un ejemplo tomado de la ley de leyes, nuestra Constitución de 1978:
      – “Todos tenemos derecho a una vivienda digna”. Va uno por la calle y dice, ¡eh tú, que yo no tengo casa. Así que, aunque no sea digna del todo se va de okupa para al menos no congelarse en invierno. Pero es entonces cuando vienen la denuncia y el tribunal te dice: es que eso no significa eso, tiene usted que ver que está enmarcado como un principio rector (de actuación) de los gobiernos de turno. Y claro al okupa (y a mí) se le queda la cara cuadrada pensando en benditos los graciosos de nuestros padres constiutyentes.
      – “Todos tenemos el deber de defender a España”. Y entonces el okupa va y como le revuelve el estomago toda violencia y toda arma (como a mi) decide declararse insumiso (inciso: tampoco tiene un amigo médico para quedar excedente y afortunadamente ve de maravilla). Pero entonces le llega una pareja de la policía militar a detenerle. El okupa extrañado se pregunta ¿pero no eran principios de actuación? A lo que el juez ¿¿togado?? militar le contesta muy amablemente: no hijo, tenía que darse cuenta de que eso estaba un par de páginas antes y por tanto obliga y vincula a todos los ciudadanos.

      He puesto este ejemplo (aunque ya no hay que hacer la mili, el problema se mantiene si mañana el Estado decide entrar en guerra y llamar a filas) pero cualquiera puede pensar en otros muchos, dentro y fuera de la Constitución.

      Hoy he leído en el 20 minutos, no recuerdo si en un artículo o en una carta al director a alguien que proponía cortes asamblearias. Es decir que las votaciones en el Congreso y en el Senado no las hicieran 350 personas sino 35 millones. Con la tecnología actual se podría hacer. Sería necesaria una fuerte inversión en infraestructura, formación y, sobre todo, educación. A partir de ahí se me va la cabeza y me imagino cosas (va a ser que estoy alienado como en la obra de teatro que vi ayer): listas de participación para que cada uno se apunte a uno o dos grupos de trabajo (no más); documentos (¿¿seguiremos llamándolos leyes??) compartidos en la nube, accesible y modificable por todos. Votaciones plenarias mensuales para aceptar cada una de las correcciones (votación oculta de duración variable, por ejemplo 24 horas, y no liberada hasta el final). Eso sí, habría que tener mucho, pero que mucho cuidado con el ‘spam’ (en forma de corporaciones queriendo influir en la redacción final). Iba a ser un trabajo duro pero apasionante y entonces sí que podríamos decir que España somos todos (pongo España por poner algo si por mi fuera esto no serían 35 millones sino 4000, pero empecemos despacio).
      Obviamente desde el mismo momento de su aprobación se abriría un plazo de enmiendas. ¿Y la seguridad jurídica? (joder que palabros, que yo soy de ciencias). Pues se crea un tiempo mínimo de puesta en marcha (igual o dependiendo del contexto de la ley habría que estudiarlo) durante el cual no se pueden aprobar modificaciones (salvo conflictos con otras leyes pero para eso seguirán los jueces). Una vez pasado el plazo moratorio cualquiera puede poner enmiendas y votarlas mensualmente.
      Y echándole un par de cojones: cada propuesta o enmienda firmada digitalmente con nuestro DNI.
      ¿Verdad que estoy alienado?

  2. José Luis dijo:

    Después de hablar de echarle cojones voy yo y firmo el comentario anterior como anónimo (no me he dado cuenta de que no estaba conectado). Me ha dejado cambiar el nombre pero no aparece la afoto ni nada más. Por si alguien tiene dudas, sí, es mio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s