I have a dream (tengo un sueño)


I have a dream (tengo un sueño)
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Con estas palabras de Martin Luther King voy a comenzar mi narración de la visita que ayer por la tarde/noche hice a la Puerta del Sol de Madrid.

Llegué más tarde de lo que tenía pensado, sobre las 7. En el viaje en tren unos sonetos de Jesús Urceloy. Monté en la cabecera de la línea C4, Alcobendas-San Sebastián de los Reyes. Eso y la lectura hizo que no me diera cuenta de lo que estaba ocurriendo hasta que descendí al andén de Sol. La gente llenaba el andén, las escaleras, los pasillos. Todos hacia arriba, hacia la plaza. Sinceramente me emocioné. Comencé a buscar caras conocidas, supuse que algunos de vosotrxs estaríais por allí. Por supuesto no vi a nadie. Luego tampoco 😦

Pero no me adelantaré. Subí los cuatro tramos de escaleras mecánicas observando a la gente hasta que llegue al último, el del techo de cristal de la nueva estación de cercanías. Estaba lleno de carteles. Carteles manuscritos, sencillos o con dibujitos, con frases de una palabra o de 20, del tamaño de un folio o como una sábana. Terminé de salir de la estación y entré de lleno en ese conjunto de individuos que conforman estos días la puerta del Sol. No me dio el sol en la cara, no me entró una mota de polvo en los ojos, pero unas lágrimas se formaron en ellos. Estaba en una nube, era feliz, realmente feliz por primera vez en mucho, mucho tiempo. La siguiente hora la pase andando entre las tiendas, leyendo carteles, conociendo el campamento, re-conociendo la puerta del Sol y sus alrededores. Fue realmente impresionante. Sentí que quería ser parte de esto. Entonces no sabía cómo y sigo sin saberlo, pero me arrepentiré si no hago algo. Otro arrepentimiento más en mi mochila. Pesa ya mucho, debo intentar descargarla.

Allí estaba yo pasando por una de las tiendas de provisiones, la tienda de género (feminismo, identidad sexual, prostitución, mujeres inmigrantes, …), recorriendo la parte externa del campamento entre Montera y Carmen. Leyendo muchos de los carteles y lamentando no tener la memoria que tenía con 12 años. Intentando fotografiar con el móvil algunos de estos textos para retenerlos aquí y hacer un mini-album de facebook. Me adentré en la calle Arenal y volví a Sol. Luego subí a la Plaza de Pontejos. Allí vi mi primera asamblea, me pasaron un plato con rodajas de plátano y otro con rodajas de piña que seguí circulando. Era una de las asambleas sobre política en general, y se estaban votando los puntos acordados para el trabajo posterior.

Luego reentré a Sol y recorrí el campamento por la parte superior y central: voluntarios, asambleas de barrios y pueblos que se estaban ya organizando (en Alcobendas en la Plaza Mayor), enfermería, tienda de propuestas, inmigración, guardería y un largo etcétera.

Se respiraba la ilusión, el trabajo duro, la organización y el buen hacer. No se escuchaba un solo grito, una voz más alta que otra. A pesar de las aglomeraciones he conocido la puerta del sol con más ruido un domingo normal. Los debates en las asambleas se hacían con un sólo megáfono (las grandes, las pequeñas a base de cuerdas vocales) y respetando los turnos de palabra. Las votaciones, asentimientos y discrepancias se hacían con gestos para no molestar a los vecinos. Se repartía agua y zumo, zumo y agua y algún esporádico refresco. Nada de alcohol. Algún vendedor ambulante (al que desde la organización se invitaba a salir) entraba a vender cervezas pero ni una lata se veía consumiendo. Los suelos. Pocas veces he visto los suelos tan limpios en Sol. Prácticamente ni un solo papel. Y los pocos que había eran recogidos en seguida por las patrullas de los grupos de Acción Medioambiental.

La acampada de Sol no es una acampada en el tono festivo que uno suele imaginarse las acampadas que hace con sus amigos o con la familia. No. Es una acampada porque está hecha de tiendas. Pero en realidad es una miniciudad. Una miniciudad con los servicios básicos (alojamiento, manutención, educación y médico) y otros importantes en este tipo de concentraciones como el asesoramiento legal (esta tienda incluía aparte de papeles para hacer preguntas un listado de las horas en las que varios abogados atendían de manera presencial) o la tienda de infraestructura donde se lleva cuenta de las necesidades: lo básico el agua, pero temas como pilas para los megáfonos, rotuladores y hasta conexiones wifi. Cuando llegué anunciaban que acababan de conseguir un disco de 4Tb y querían llenarlo con multimedia de la acampada. Y luego un montón de tiendas dedicadas al trabajo. Trabajo voluntario, organizado y por lo que se veía duro pero agradecido. En Sol están todas las tiendas, pero ya no daban abasto ni de lejos para las asambleas, así que salvo un par de ellas el resto las tenían dedicadas a rellenar los carteles con las actividades y horarios, recogida de firmas de adhesión al Manifiesto, captación de voluntarios e información general. Las asambleas en sí se distribuían en varios puntos: yo vi la ya comentada sobre política en la Plaza de Pontejos, las de educación (universidad, educación 0-18, religión, legislación, etc) partían del Cortilandia, pero la gran mayoría llenaban por completo la plaza del Carmen: Medio Ambiente (incluyendo sub-asambleas de residuos, trato a los animales, legislación general, educación medioambiental, política agraria, costas, medio agrario o ciuddades), Economía, Empleo y Vivienda.

Las gentes eran de todo tipo pero predominaba con mucho la juventud. A mi, que trabajo en una Universidad, me daba la impresión de que se había reunido en Sol toda la universidad madrileña. Pero no estaban solos. La organización era casi exclusividad de los jovenes pero en todas las asambleas había gente de más edad participando de manera activa y familias enteras, padres con hijos más o menos pequeños se interesaban por todo, asistían a las asambleas. Porque no nos olvidemos, esto es de todos para todos. Una de las propuestas principales del grupo de política general es que las propuestas que salgan de aquí se sometan a referéndum popular…

No sé por donde continuar. Seguro que muchos lo habéis visto en vivo y tendréis vuestras experiencias. Esta fue la mía. Sólo dos cosas evitaron que la tarde/noche fuera perfecta: en cuanto a la plaza los pitidos a la presentadora de Tele 5 cada vez que intentaba comentar las noticias (junto con gritos de ‘Telecinco, telebasura’ y ‘televisión, manipulación’). Estoy de acuerdo en los calificativos pero no en las formas. Toda la plaza es un ejemplo de trabajo, dedicación, buen ambiente y respeto por y para todxs. Creo que la acampada no se merecía esa actitud hacia la televisión. Y en segundo lugar, desde el punto de vista personal, la soledad que últimamente me acompaña. Todas estas emociones y sentimientos que me acompañaron durante más de cuatro horas no las pude compartir con nadie. Así que aquí estoy en la madrugada del sábado al domingo, escribiendo esto, desde el alma o el corazón o las tripas o el cerebro o lo que sea que provoque en mi este estado. Toda mi vida he tenido un sueño, como aquel de Martin Luther King, un sueño en el que creía en las personas (siempre lo he hecho, a pesar de mis últimas vivencias), un sueño en el que veía a todo el mundo por igual y no se entendía la discriminación, la injusticia, el hambre, las guerras, las desigualdades. La tarde del 21 de mayo de 2011 será recordada por mi como la tarde en que anduve despierto a través de ese sueño. ¡¡Ójala cuando me despierte mañana después de esta larga noche siga recorriendo este sueño!! ¡¡Ójala estéis ahí para poder compartir este largo, difícil y prometedor camino!! ¡¡Ójala la utopía sea superada por la realidad!!

Muy buenas noches… no importa lo que pase mañana, el caminar ha comenzado. No debemos detenernos.

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Una pequeña anécdota para el final. Comienzo de la calle Montera, en la acera derecha. Estoy viendo los carteles pintados y escritos por los niños. Llega un niño de unos cinco años y demuestra a su madre su capacidad lectora leyendo el cartel de las peticiones de la asamblea infantil (menos coches, más muñecas y parques, más tiempo con los padres). Al finalizar su madre le preguntó que le parecía. Muy bien, contestó el niño. Posiblemente no entendería todo lo que estaba pasando, pero seguro que algún día su madre le enseñará las fotos, cuando sea un joven como los de allí y comprenderá por qué el futuro será mucho mejor que el presente. Fue entonces cuando quise poder llamar a mi hijo y que estuviese él aquí conmigo. Seguro que se le ocurrían más ideas. Ojalá pueda darse cuenta cuando llegue el futuro de las mismas cosas que aquel niño de cinco años.

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